MANCOMUNIDAD TURÍSTICA DE SIERRA ESPUÑA
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Museo de arte ibérico el Cigarralejo

Los íberos, "los primeros en ser invadidos... los últimos en ser dominados"
Tito Livio

El museo de El Cigarralejo enamora al visitante. La casona elegida para albergar el Museo es el antiguo palacio del Marqués de Mena Hermosa, D. José de Llamas, hijo ilustre de Mula que tuvo importantes responsabilidades en Hispanoamérica, al servicio de la Corona, durante el siglo XVIII. Se trata de un bello edificio de sobrio barroco murciano, construido con ladrillo de tejar y tapiales, con una portada decorada con mármoles rojos y negros de las canteras locales y coronado con gola, decorada con pinturas alusivas a la profesión del fundador. Una torre de corte típicamente murciano emerge de la cubierta a modo de observatorio. El palacio crea una atmósfera cálida y reposada: el suelo de barro, la forja y la carpintería originales, las palmeras y buganvillas del jardín, el techo a revoltones, la capilla, la doble escalera y hasta la torre mirador que corona el tejado nos trasladan a otro tiempo.
El museo atesora piezas únicas del mundo ibero, como el célebre Vaso de las Granadas y los Puñales, una copa con relieves de conejos, águilas y patos, o el Vaso de los Guerreros y los Músicos, así como la colección de armas más importante de España.
Los iberos ocupaban en el siglo VII a. C. el sureste de la península que ha heredado su nombre. Su cultura evolucionó gracias a las relaciones comerciales con fenicios, griegos y etruscos, quienes les trasmitieron sus costumbres, ideas y manifestaciones artísticas. Dedicados principalmente a labores agrícolas, se sirvieron del hierro para fabricar los aperos. Orfebres y alfareros, su estructura social era compleja y la religión y los ritos funerarios marcaron sus vidas. La mayoría de los poblados estaban fortificados y disponían de graneros y cisternas. Criaban caballos, tenían alfabeto, cultivaban el cereal y utilizaban el arado. Los hombres llevaban capa de lino y una túnica corta ajustada con un cinturón de hebilla, mientras que las mujeres vestían con túnicas superpuestas.
La influencia del mundo ibérico mantuvo su vigencia durante los primeros años de la dominación romana. Estrabón describió en estos términos su manera de combatir: «Al modo de bandoleros, armados con jabalina, honda y espada. Llegando a montar dos en el mismo caballo».

 

 
 
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