MANCOMUNIDAD TURÍSTICA DE SIERRA ESPUÑA
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Iglesia de San Lazaro

 “ Casi en el centro del pueblo, en una de sus plazas, donde está situado el templo parroquial, cuya construcción y adornos son bastante grandiosos para una población limitada,…”
D. Jose María del Castillo, 1845

La planta es de estilo jesuítico, con una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos; crucero sobre el que se alza una cúpula sobre pechinas; capillas laterales unidas entre sí mediante reducidos arcos de medio punto y testero plano. En el alzado, capillas separadas por tramos murales articulados por pilastras combinan dos capiteles superpuestos, uno de orden toscano y otro decorado con hojas de cardo, de estilo gótico, organizadas en doble fila. El único elemento ornamental lo pone la decoración de rocallas en la bóveda.
La portada de estilo barroco. Se levanta sobre un muro de sillares de piedra caliza y se compone de dos cuerpos. El primero consta de dos pilastras de orden toscano que enmarcan la puerta y, sobre ellas, un arquitrabe liso y un friso adornado de florones y angelotes. El segundo está flanqueado por dos flameros y entre motivos florales contiene el anagrama de María. Encima una hornacina que cobija la imagen de la Virgen de Gracia. A sus pies una inscripción nos dice quien la pagó y más abajo el nombre del cantero. El acroterio, separado del resto de la portada por un óculo, remata la portada.
La Sacristía Nueva, diseñada por Lorenzo Alonso (1750-1810), formado en la Academia de San Fernando, dará a la obra el estilo Neoclásico que caracteriza esta época. La sacristía se sitúa detrás del presbiterio y es de planta rectangular, con techo arquitrabado asentado sobre cuatro poderosas columnas de capitel jónico, fuste liso y basa de mármol. Un gran equilibrio en las proporciones y el uso del color blanco dotan al recinto de racionalidad y pureza a la vez que de calidad estructural.
La capilla de la Comunión, a la que en 1798 Alonso dio las trazas de esta capilla, pero sería el murciano Salvador Gonzálves Ros quien dirigiría las obras. El recinto dividido en ocho tramos separados por pilastras de orden compuesto que sustentan una cúpula con linterna. Las obras concluyeron el 25 agosto de 1806, tras la construcción del retablo, dorado y pintado, del tallista Julián Hernández.

La obra actual finaliza en el XVIII, pero la antigüedad del templo debe relacionarse con la Reconquista, como lo demuestra un documento de 1390 que proporciona información sobre un templo bajo la protección de San Lázaro y como un lugar de peregrinación por el carácter milagroso y curativo de su titular. Precisamente las afecciones que se trataban con las aguas termales tenían relación con enfermedades de la piel.
 

 
 
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