MANCOMUNIDAD TURÍSTICA DE SIERRA ESPUÑA
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Ermita del Niño de Mula

 “En memoria de este prodigio, y en reconocimiento de su gratitud, dispuso el mismo Fr. Pedro, que se labrase una mediana ermitica en el mismo sitio donde se dignó de favorecerle el Divino Infante. Asimismo solicitó una hermosísima Imagen representativa de su prototipo, al que llamó el “Niño de Belén”, y la colocó en dicha ermita”.
Padre Ortega

La ubicación de esta pedanía se relaciona con las ventas que atendían a los carreteros que recorrían el camino de Caravaca a Murcia, más transitado en el siglo XVIII con el crecimiento de la devoción a El Niño de Mula y por la instalación de un gran martinete para batir cobre. El topónimo de origen árabe se corresponde con “el camino” Al-Balate.
Lugar elegido por los muleños desde antiguo para residencia de vacaciones hoy mantiene esta tradición. Ya en el siglo XVII Pedro Botía que había perdido a casi toda su familia por la epidemia de peste de 1648, vino a vivir aquí con su tío, donde tuvo la primera visión del Niño, quien le pidió que lo siguiera.
Al poco entró en la Orden franciscana. Viajó a Asís y frente a la tumba del Santo tuvo una nueva visón del Niño pidiéndole que volviese a España. De regreso conoció al conde de Lemus, quien le pondría en contacto con don Juan de Austria en Consuegra (Toledo). El encuentro con éste tuvo lugar en la capilla del castillo y no se separaron hasta la muerte del Austria en 1679.

El 16 de julio de 1737 se fundó la Hermandad y Cofradía del Santo Niño con el fin de evitar el abandono en que estaba la Ermita desde hacía mucho tiempo.
La Ermita actual es de planta de cruz latina, con cúpula en el crucero, una sola nave con dos capillas laterales y una hornacina en el extremo de cada uno de los brazos de la cruz; altar mayor con un camarín donde se venera la figura de El Niño de Mula, obra que el tallista valenciano José Pousada hizo en 1940; y coro a los pies realizado por el alarife mulero José López Sanz en 1852.
Hasta esta ermita llegan gran número de devotos para pedir favores. En un espacio presidido por un relieve de González Moreno, conocido como el sitio donde Dios Niño puso las plantas, dejan sus peticiones y pequeños exvotos.
 

 
 
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