MANCOMUNIDAD TURÍSTICA DE SIERRA ESPUÑA
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Casa Pintada

Más de 200 años de historia estuvieron a punto de sucumbir con el derribo de esta casa. Gracias a la gestión pública de este valioso patrimonio esta vivienda palaciega, que acabó por ser despacho de butano y cacharrería, hoy ha llegado hasta nosotros cuidadosamente restaurado.


La Casa Pintada fue una vivienda palaciega. Su planta cuadrada con tres alturas, torreón central y bodega, está basada en un modelo arquitectónico típico del Levante mediterráneo. Fue mandada edificar por D. Diego María de Blaya Molina Piñero Valcárcel, cuyos escudos familiares se reproducen en sus cuatro balcones y en el gran blasón de la escalera. Belleza y singularidad definen especialmente su fachada, decorada con cornisas de amplio vuelo y entrepaños esgrafiados. La portada es de mármol rojo, procedente de Cehegín. Desde la escalera se accede a la bodega y al gran salón de la primera planta donde destacan las pinturas murales a modo de friso en tonos azules y grises, y el techo de vigas de madera con revoltón.
La familia Blaya, que se pretendía heredera del conde de Blaya, perdió influencia con los años, y la admirable Casa Pintada se utilizó como colegio de monjas, academia, un despacho de butano y la cacharrería de El Copero. Abandonado a su suerte, el edificio fue dividido en dos partes iguales y cada una de ellas se adjudicó a un propietario diferente. En ese tiempo corrió el riesgo de ser demolida, pero la Comisión de Patrimonio lo impidió, sin poder evitar el incendio y derribo posterior de su mitad derecha.
En 1986 la Dirección General de la Vivienda compró el edificio a sus dos propietarios y, posteriormente, la Consejería de Política Territorial construyó seis viviendas de promoción pública en la parte trasera del solar. La restauración de la Casa, contribuyó al proceso de revitalización del casco histórico de Mula, uno de los que mejor se conservan en la Región de Murcia.
El arquitecto José María Hervás afrontó la restauración partiendo del principio conservador y, reconstruyendo lo imprescindible, dejó patente la diferencia entre lo original y lo reconstruido, criterio que se manifiesta en el pabellón de las antiguas cuadras, acondicionado para oficina y exposiciones, la bodega, el gran salón de la planta primera, las cámaras y las nuevas viviendas que se apoyan en la traza de los muros demolidos para perpetuar la memoria de la zona oriental de Casa Pintada.
 

 
 
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